
Esto no parecería, a primera vista, ser tan malo pero resulta que las especies introducidas empiezan a competir por el espacio y la comida con otras que sí son nativas de nuestro continente. Se reproducen de forma exagerada porque no encuentran depredadores naturales que frenen su expansión.
Básicamente lo que pasa es que ocupan su lugar y muchas veces a costa de la desaparición de poblaciones enteras de nuestras preciosas especies nativas.
Estos pequeños arbolitos crecerán con mayores ventajas que los nativos porque los animales e insectos no lo conocen y no se lo comen. Al poco tiempo crecen tanto que comienzan a superar en tamaño al resto y compiten por la luz del sol. Generan sombra y los árboles que antes vivían bien allí comienzan a morir. Los animales que se alimentaban de ellos se van quedando con menos alimento y se producen una serie de consecuencias que acaban por destruir el hábitat que antes se encontraba en aquel terreno.





